Mientras no creemos valor agregado nunca vamos a llegar a ser una potencia alimentaria.

Cuando en 2008 Marcelo Guital vendió su agua purificada Benedictino a Coca-Cola Company en US$ 6 millones, sabía que su salida del rubro era algo momentáneo. “Al otro día que vendí Benedictino, empecé a pensar en volver con algo revolucionario”, recuerda hoy el empresario.

Su retorno lo empezó a pavimentar hace cuatro años, cuando finalizó la cláusula pactada con Coca-Cola que le impedía competir en el negocio. En todo este tiempo, dice, las bebidas no han variado en nada, “en cambio, los chocolates variaron, los helados, el café, pero la bebida sigue siendo la misma carbonatada”. Con ese diagnóstico de mercado, Guital encontró un espacio para incursionar en una nueva categoría, un producto intermedio entre el agua y la bebida, pero donde el secreto está en el primer ingrediente. “Tenemos la fórmula Benedictino, porque en ningún minuto Coca-Cola me pidió vendérsela. Ellos me compraron la marca y la etiqueta”, cuenta.

Ahora, está de vuelta en el negocio con la marca Rizola, una línea de bebidas saborizadas levemente gasificadas, “con una microburbuja tipo champaña, una bebida ultraligth, la más liviana del mundo”, describe Guital. El producto, menciona, fue testeado con consumidores en México, Estados Unidos, Colombia y España, “además de pruebas realizadas en las mejores casas de sabor del mundo, ubicadas en Inglaterra, Francia y Suiza”, detalla. En investigación y desarrollo, asegura, se invirtió más de US$ 1 millón.

Para desarrollar el negocio, Guital reclutó a quien fue gerente de selección de la ANFP, Felipe Correa. El ejecutivo ocupa hoy la gerencia general de Rizola.

La nueva bebida se comercializa hace dos meses en botellas de vidrio que les fabrica Cristalerías Chile, envases que no tienen etiquetas de papel, sino que ocupan una imagen impresa en México con la técnica de la serigrafía. El producto se fabrica y embotella en la planta de la embotelladora Castel, la misma firma que elabora Sorbete Letelier.

Ya están en el mercado los cuatro sabores que tendrá Rizola -ginger ale, blanc, citric tonic y guaraná- en formatos de 330 cc y 350 cc, con un costo de $ 1.060 cada uno. Durante el segundo trimestre debutará la botella de 750 ml, adelanta.

El producto, cuenta el empresario, está en las góndolas de los supermercados Jumbo. Guital comenta que, además, tienen contratos con 20 restaurantes en Santiago y cinco hoteles.

Pero no quiere quedarse sólo en Chile. Para fines de año, Guital planea colocar su nueva bebida en México y Colombia. “Vamos a abrir oficinas en Colombia y México. Estamos buscando partners”, dice.

Por lo pronto, en abril, con Guital&Partners -su vehículo de inversión-, el empresario lanzará al mercado otra línea de Rizola: un agua sin gas con fruta natural. Se comercializará en los sabores de limonada, manzana verde, pera dulce, cedrón-manzana, limón-menta-jengibre y té verde-rosas, en formatos de 330 y 750 cc.

Para este primer año, la proyección es vender entre 500 mil y 700 mil botellas en Chile de Rizola. “Esto está creciendo casi tres veces más de lo que lo hacía Benedictino”, destaca.

Por lo mismo, a mediano plazo las expectativas que tiene son mayores. “Quiero estar vendiendo entre cinco y siete millones de botellas a fines de 2018”, prevé Guital.

Benedictino, revela, llegó a vender casi US$ 5 millones al año, equivalentes a unos cinco millones de botellas, en una categoría donde el producto costaba la mitad de lo que vale una botella de Rizola.

“El mercado de las aguas mueve US$ 200 millones al año. El de las bebidas es un mercado de varios miles de millones de dólares, entonces el potencial de expansión que tenemos es enorme. Quiero que Rizola sea cuatro o cinco veces lo que fue Benedictino”, apunta.

La marca Rizola ya está valorizada en más de US$ 2 millones, subraya Guital. Parte del negocio lo vendió a otros socios, entre ellos, la familia Chahuán, dueños de la Distribuidora Cencocal, que tienen el 10%. Otro partner es Andrés Fazio, que adquirió un 30%. Guital conserva el 60%.

Vinos, quesos y aceitunas

El plan del brazo inversor de Guital es ambicioso. “Queremos estar en todas las categorías del retail, que en cada carro de supermercado vaya un producto nuestro”, apunta, mientras prepara el lanzamiento de nuevas líneas de productos.

En el primer semestre irrumpirá en el mundo del vino con Dulzino, un vino dulce que se tomará con hielo. En este negocio, Guital tiene un joint venture con la Viña Quinta Maipo, del Grupo Concha y Toro. “Ellos nos producen el caldo y nosotros hacemos la operación completa”, relata.

Como parte de su hoja de ruta, este 2017 el empresario también incursionará en aceitunas, de la variedad kalamata. En este proyecto está asociado a la familia Moreno Prohens, dueños de campos productores de olivos en Copiapó. Con ellos venderán aceitunas en frasco bajo la marca Oliú, que planean exportar.

Otro nicho en el que también quiere estar este año es en quesos y yogures, anticipa.

Con Guital &Partners, el empresario maneja un diversificado portafolio de productos, que lo tienen vendiendo paltas premium, snacks saludables, aceite de oliva, jugo de maqui, huevos, helados, café y bebidas de aloe vera, entre otros. Con todo, este año generará ventas por US$ 40 millones, calcula, cifra que busca multiplicar por tres a inicios de la próxima década.

Fuente
La Tercera / Marcelo Guital llegará a Colombia y México

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